Thursday, October 30, 2008

My little share of thought on this "casual games" trend

I don’t hate the Wii, not at all. I just look down on it, with contempt, with pride and arrogance. And while I try to keep my opinion about it and the so called “casual boom” of late, I’ve just reached the point where I can no longer keep quiet. It’s too much already; too much watching as poor games sell tons more than good games, too much watching wave after wave of silly and really stupid games being developed, and too much reading things that are just plain wrong coming from a man like Miyamoto, for example, when he comes and says something like this or like this.


I try to be open-minded. There are different tastes and likes and dislikes for different people, so I try not to judge when others like what I consider inferior or of very poor quality. But you know what? I’m one of those silly idiots who still have hope that videogames can be recognized as a form of art as valid as, say, films, so in that respect I have every right to express my opinion and complain about bad games just like a film critic or a literary critic come and say this film or that book are utter crap. And I can no longer keep it to myself: I dislike what the wii is doing to the game industry. I’m not saying I hate Nintendo nor I blame Miyamoto for having completely lost it, no. I mean, they wanted to make money? There they are, making money, regardless of the disappointment to those who were once devoted to them. The problem is, as I read here, we outgrew Nintendo, and that’s why we don’t like what they’re doing now. By “we” I mean “we hardcore gamers who used to spend hours playing NES and SNES and who were excited to no end every time a new Mario was announced”. We simply grew up with their games, but as we grew up and developed more refined tastes, Nintendo stayed where they were: doing business and looking to make a profit. They’re not stupid: they’re swimming in money now. But all of us who were once Nintendo loyal supporters suddenly found ourselves before a game console that has less than half a dozen mildly good games and a bunch of rip off titles and a whole bunch of crap of epic proportions. Consequently, gamers felt cheated and abandoned by Nintendo. Only, they weren’t, or rather, Nintendo kept doing what it did so well: sell where the money was, no matter what.


I don’t want to ramble about this on and on (mainly because I know I could go on forever), but I still wanted to make a point, to state where I stand. It saddens me to see a really influent man like Miyamoto is having the attitude he's having now. I’m not fretting out that this trend will be the end of the games that really matter, because I know it won’t be, but I can’t help but roll my eyes up to the heavens every time I see things like this:













It’s okay: all the consoles of all time have had their share of crappy games, all of them, no exception. Why does it upset me, then? Does it bother me that non-gamers all over the world are now playing non-games? Does it bother me that people claim they’re playing videogames when they're aimlessly and purposelessly waggling a Wiimote? Does it annoy me that things like this or this even exist? Well, why not? Yes, it does. It bothers me in the same way it bothers me to see how a TV programme like Big Brother is so damn popular, or how gossip magazines sell by the tons. I cannot just dismiss those facts because people have different likes, can I? One thing is different taste, but another is not seeing beyond. And ranting like this won’t really do much, but alas, I really needed to take it out of my chest. So forgive me if I speak my mind in this matter. I think it’s better to say what I think, as little as it avails to.


If you want to speak your mind (whether to agree or disagree with me), please do so, by all means. And if you want to read some very interesting stuff in this topic, these are my personal (though biased) recommendations. I hope you find them as enjoyable as I did:


How it all happened

My feelings exactly

Tuesday, October 28, 2008

Gameplay vs. Storytelling: Part the Final

Esta serie de posts iba a terminar con la parte 3, pero las horas que he pasado con Fable 2, y con Psychonauts antes de éste, me hicieron pensar en algo que servirá para finalizar, ahora sí, esta serie de Gameplay vs. Storytelling, algo que será el wrap-it-up y tesis final del tema. Y todo gira en torno a esta pregunta: ¿qué es lo que hace que un juego sea excelente a mis ojos? Creo que hace falta explicar un poco la pregunta: primero que nada, estoy usando la palabra “excelente” y no “bueno” porque hay muchos juegos que son buenos pero que no llegan a engancharnos al nivel que otros, pero este punto lo voy a explicar más a fondo más adelante. En segundo lugar, estoy diciendo “mis ojos”, pero veámoslo más bien como una pregunta que cada quien se plantea: es obvio que, como en gustos se rompen géneros, cada persona tendrá un concepto diferente de lo que es un buen juego, así que usaré la pregunta de un modo más general, poniendo mis gustos personales como ejemplos para explicar mi tesis y que después se pueda aplicar a los gustos de cada quien.



Así pues, ¿qué es lo que hace que un juego sea bueno para mí? ¿El Gamplay o el Storytelling? En mi caso, ya expliqué antes que uno de los motivos por los que me encantan los videojuegos es porque me cuentan historias y porque además me hacen sentir partícipe activo de éstas, a un nivel que no alcanza a conseguir el cine (aunque se acerca). Sin embargo – y aquí viene el punto más importante – un videojuego es, ante todo y primero que nada, un videojuego. Su función y objetivos máximos son el de proporcionar un juego interactivo. Por ende, un juego con un Gameplay malo, aburrido o frustrante simplemente no nos va a enganchar, por muy interesante que sea la historia que cuenta. Y de igual modo, cuando un juego tiene un Gameplay adictivo, al final importa poco si la historia que cuenta es buena o mala. El asunto aquí es que la historia que nos puede contar un videojuego en realidad no es más que un extra, un plus que, si bien le puede dar muchos puntos al juego, no es precisamente lo que nos hace volver a juegarlo. Pongamos los Marios como ejemplo una vez más. Recordemos los tiempos en que jugábamos Super Mario 3 o Super Mario Word, el sentimiento de asombro y felicidad que nos daba ir avanzando y descubriendo todas las cosas que se podían hacer, todos los trucos, todos los mundos. ¿Quién en el mundo puede decir que esos juegos son malos? Nadie. Simple y sencillamente nunca he sabido de alguien que piense que esos dos juegos son malos. A pesar de que carecen de una historia profunda. Creo que se puede decir que los Marios son el ejemplo máximo de lo que el Gameplay es por excelencia. Lo interesante sería saber si hay alguien en algún lugar que, cuando jugaba alguno de estos Marios, llegó a cansarse de tanto jugar. Sé bien que nunca me pasó algo así, y no conozco a una sola persona que quitara estos juegos por haberse hartado. Al contrario: siguen siendo tan buenos que si hoy en día nos ponemos a jugar, no nos aburriríamos, a pesar de las muchas horas que ya les dedicamos en nuestra infancia y a pesar de que ya nos los sabemos de memoria. Simplemente no me puedo imaginar a una persona jugándolos que de pronto diga: “bueno, ya lo voy a quitar, que ya me harté.”



Y es aquí en donde está la respuesta. Lo que hace a un juego un excelente juego para mí, es que sea tan adictivo que no me harte ni lo quiera jugar. Que me haga sentirme tan inmerso que no note el paso del tiempo y que tenga que obligarme a quitarlo para ponerme a hacer otra cosa. Si un juego logra hacerme eso, entonces, sin lugar a duda, es un juego excelente. Ahora bien, ¿significa esto que sólo los juegos con buen Gameplay pueden ser excelentes? No, pero como dije antes, el Gameplay de un videojuego es su objetivo máximo, así que definitivamente sí es el punto más fuerte e importante. Me explico: imaginemos un juego con una historia asombrosa, pero cuyo Gameplay es repetitivo, aburrido, frustrante. De esos juegos que jugarlos parece un trabajo más que un placer. De esos juegos que de plano hartan y uno los quita porque nomás les falta algo. Comparemos este juego con un juego cuya historia no es tan fuerte, pero que es sumamente divertido de jugar. Creo que es ahí en donde está la gran diferencia. A mí me encanta leer, tanto como jugar videojuegos. Pero es precisamente porque me encantan los libros que no busco leerme un libro cuando juego. Es decir, si hubiera un juego con una historia maravillosa pero cero Gameplay, creo que mejor optaría por leer un libro en vez de jugar ese juego. O en otras palabras, si sólo buscara el elemento Storytelling en un videojuego, creo que lo estaría buscando en el medio equivocado, pues contar historias no es el objetivo final de un videojuego.



Una vez dicho esto, ahora queda explicar que, a pesar de todo, no existe mejor complemento para un buen juego que una buena historia. Es por eso que tenemos buenos juegos con excelentes historias, o juegos más o menos entretenidos pero con historias que nos hacen querer seguir. Recuerdo con cariño, por ejemplo, Shadow of Destiny, de Konami, en donde no había combate pero sí exploración, resolver acertijos y una historia muy interesante. No vendió bien y es poco conocido, pero recuerdo que vale la pena y el final es genial. O qué decir de los juegos de Team Ico, que en realidad te cuentan muy poco del transfondo de lo que pasa en Ico o en Shadow of the Colossus, pero el mundo en el que ocurre todo y lo poco que te dicen le da un toque mágico a su mundo y hace del excelente Gameplay algo memorable.



Entonces, ¿qué es lo que hace que un juego sea excelente? Que me haga jugar sin cansarme, sin hartarme, sin querer parar. Que me haga decir “bueno, sólo un/a misión/quest/job/nivel/jefe/5 minutos/20 minutos más, y ya lo quito”. Y hago mucho énfasis en esto porque no pude evitar comparar los tres últimos juegos que he jugado: Psychonauts, Ninja Gaiden 2 y Fable 2. El primero es considerado como un juego de culto, a la par con Beyond Good and Evil (excelente, por cierto) en el sentido de que no vendió mucho pero es muy bueno. Y pues sí, Psychonauts es muy bueno: original, divertido, con una historia digna de Tim Schafer, creador de Grim Fandango y los primeros dos Monkey Islands, entre otros. Peeeeero... había momentos en que me detenía. Me cansaba. Me hacía decir: “bueno, ya; lo quito y pongo otra cosa o me pongo a hacer otra cosa.” No es excelente. Ninja Gaiden 2, en cambio, carece completamente de historia (bueno, sí tiene, pero como si no), pero el Gameplay es tan adictivo que me hacía seguir y seguir y seguir. Y sin embargo, la dificultad endemoniada hacía que a veces pareciera más manda que juego y a punto estuve de romper el pobre control. Al final lo vencí a pesar de todo, pero los momentos frustrantes y desesperantes le quitan mérito. No es excelente. Finalmente tenemos a Fable 2, con su historia simple pero que al menos se sale de muchos clichés RPGeros y su Gameplay adictivo, tanto que se me fue el fin de semana en eso. Tanto que anoche me tuve que forzar a quitarlo y no “hacer sólo una misión más” o “ir a comprar sólo una vez más”. Eso es, para mí, un juego excelente: que lo disfrutes, que te haga seguir y seguir, que no te aburra ni te canse, que te sorprenda, que te cuente una buena historia, y sobre todo, que tenga un Gameplay que te enganche.



Y ahora sí, creo que con esto cierro el tema. Es así como termino de exponer lo que considero hace de un juego algo excelente y una experiencia digna de ser vivida y de dedicarle horas de sana diversión. Al final, eso es lo que importa: que sean divertidos. Así que, a divertirnos, gamers del mundo, que para eso somos gamers.

Cause cats rule the world...

Monday, October 20, 2008

Anime review: Death Note

Imaginen la siguiente premisa: los shinigami, o dioses de la muerte, hacen uso de unos cuadernos con poderes sobrenaturales con los cuales se encargan de “definir” quién muere, cuándo y cómo, pues es cosa de escribir el nombre de alguien en el cuaderno para que esa persona muera. Ahora imaginen que uno de estos cuadernos cae en nuestro mundo y llega a nuestras manos. Cuando abrimos el cuaderno, nos encontramos con las reglas de cómo funciona el mismo. Leemos lo siguiente:




Así pues, imaginen lo que harían si semejante objeto estuviera en sus manos. Tendrían la posibilidad de hacer justicia, de matar a todos los terroristas y criminales del mundo, tomarse justicia por propia mano y eliminar a todos los violadores y asesinos que eluden a la ley o que viven tranquilamente en la cárcel. ¿Usarían el cuaderno? ¿Harían justicia por sí mismos?


Ésa es la premisa básica de Death Note, una de las pocas series de anime que he visto últimamente que se sale de la norma y brilla por tener una historia original y brillante. Light Yagami es un chico bueno, aplicado en la escuela, tranquilo, buen hijo, incapaz de meterse con alguien. Hasta que un día llega a sus manos una Death Note. Light (o más bien Raito), frustrado con la cantidad de crimen y violencia que hay en el mundo, pero más que nada, frustrado por el ineficiente sistema de justicia, aprovecha la Death Note para eliminar a criminales a diestra y siniestra. El poder que la Death Note le confiere lo lleva a querer crear un mundo perfecto, pues sabe que las personas, temerosas de que morirán si cometen crímenes, evitarán la violencia y vivirán en paz con la gente que les rodea. Raito se convierte en todo un antihéroe que opera desde las sombras, pero a pesar de que la Death Note le confiere un anonimato que lo protege de cualquier sospecha, la cantidad impresionante de muertes en las cárceles no pasa desapercibida por el mundo. Es obvio que alguien está matando a todos esos criminales, pero nadie se explica cómo. La gente le da el apodo de “Killer” (Kira) al vengador anónimo, que se vuelve un héroe entre las masas, sobre todo cuando el porcentaje de crímenes comienza a disminuir. Pero no todo el mundo ve con buenos ojos su forma de hacer justicia. Después de todo, está asesinando, y lo hace en tal cantidad que muy pronto Kira se vuelve en el asesino en serie más buscado de todos los tiempos.



En aquí cuando entra L, un agente independiente que comienza a investigar el caso Kira. L es famoso por haber resuelto muchos casos aparentemente imposibles, así que incluso la Interpol decide ayudarlo a detener a Kira. Sin embargo, nadie sabe quién es L, nadie lo ha visto nunca. Pero es un verdadero genio, un rival digno para la genialidad de Raito. Una rivalidad que nos llevará a lo largo de la serie de un modo magistral, pues independientemente de lo que pensemos de las acciones de Raito, nunca sabremos realmente a quién le vamos de los dos. Uno de los puntos en los que la serie brilla es precisamente el manejo de los personajes. Aquí no habrán protagonistas clichescos del anime, no. Si bien Raito es estudiante de prepa (léase, típico protagonista chavito), la madurez con la hace todo hace que ignoremos su edad desde el primer capítulo. Y lo mismo con L, que es un personaje único, algo que es cada vez más difícil de encontrar en series de anime.


Death Note nos muestra el conflicto entre Raito y L a lo largo de 37 episodios. La verdad es que debería ser tan sólo de 26, como la mayoría de las series, y me temo que es este punto el único negativo de la serie. Si bien los últimos episodios son interesantes y el final es digno de la serie, es inevitable pensar que hubiera sido mejor si la hubieran terminado en el 26... ¿o no? Ah, tema de debate, pero no puedo decir nada porque no quiero dar spoilers. Pero bueno, ignoremos que alargaron la serie de esta manera. Personalmente, la tengo entre una de las 3 mejores series de anime que he visto en mucho, mucho tiempo. De hecho, actualmente la considero la segunda mejor que he visto. La trama logró mantenerme al borde del asiento, y más de una vez me sorprendí con la mano en la boca, deseando saber qué iba a pasar, haciendo especulaciones, admirando a los dos rivales, deseando ver ya el siguiente episodio.



Si les gusta el anime, de verdad que tiene que ver Death Note. La música es genial (excepto el intro de los últimos episodios), Raito y L son simplemente maravillosos, la trama es inteligente, y sobre todo, se sale de muchos de los clichés del anime para contarnos una historia que nos hace replantearnos qué es moral y qué es correcto. Y la verdad es que estamos tan inundados de series de anime tan clichescas, que algo así de bueno es realmente bienvenido.


Cause cats rule the world...

Friday, October 17, 2008

Happy birthday to you...




Dioses, ¿20 años ya? Cualquiera diría que fue este año cuando viniste a Europa...

Oh, wait...

Monday, October 13, 2008

Three years ago...

Se acerca el día de mi segunda visita bienal a México. A finales del mes pasado cumplí tres años de estar en el Reino Unido. Han pasado muchas cosas desde que llegué a la isla ésta y la verdad es que estoy muy contento, pero también es innegable que hay cosas que implican un esfuerzo constante por sobrevivir en una cultura ajena, y no me refiero tan sólo a la ausencia de corundas, pambazos y pozole. El principal factor al que me enfrento día a día es al hecho de que no soy europeo, pues esto me afecta en el aspecto laboral. Me explico: al buscar trabajo, tengo que ser tan pero tan bueno, especial y único, que la empresa que me quiera contratar pueda justificar que me dé a mí el trabajo y no a todos los ingleses y europeos que podrían hacerlo también. Esto es porque una empresa que quiera contratar a alguien que no sea europeo tiene que tramitar el work permit directamente con la Home Office, y ésta, a su vez, solamente concede los work permits cuando dicha empresa logra demostrar que estuvo anunciando durante al menos un mes la oferta de trabajo, y que de todos los que lo solicitaron, el único candidato que cumplía todos los requisitos era el no europeo. Entiendo que hagan esto porque es una forma de procurar a sus propia gente antes que a los inmigrantes, pero claro, eso me afecta porque me he visto en situaciones en las que tengo el perfil necesario para un trabajo de mayor responsabilidad y/o mejor pagado, y al final no me contratan porque implica mucho trámite y complicaciones para la empresa.


Mi historia en Inglaterra va más o menos así: llegué a Norwich en septiembre de 2005 con visa de estudiante y una beca de UAEM porque estudié mi M.A. en la University of East Anglia. Como la idea, además de estudiar, era viajar, tenía pensado chambear en algo de part-time, con el fin de tener unos pocos ahorros que me ayudaran para tal fin. La vida, el destino y mi natural magnetismo hacia los videojuegos (qué épico sonó eso) me llevaron a encontrar accidentalmente la chamba de tester en Square, pues yo, que me acababa de comprar un celular inglés, no quería más que tener el tema de victoria de Final Fantasy como tono (culpen a Advent Children y mi novia Tifa, por favor). Buscando y rebuscando me encontré no con el susodicho tono, sino un enlace a las ofertas de empleo en Londres en donde hablaban de los requisitos para ser tester del equipo español. Todo cuadraba, Square ha sido uno de mis desarrolladores y editores favoritos, quería conocer Londres. Pedí el trabajo y me lo dieron, y así participé en tres proyectos AAA: en el primero como part-timer; en el segundo me pasé la primera mitad como part-timer y todavía viviendo en Norwich, pero la segunda como full-timer porque era verano, y cuando son vacaciones se puede trabajar tiempo completo aunque se tenga visa de estudiante; y en el tercero como full-timer de nuevo, pero ahora ya vivía en Londres. Cabe decir que cuando vivía en Norwich tenía que pasarme dos horas en el tren porque Norwich está a 189 kilómetros de Londres, pero no me importaba porque podía adelantarle a los estudios mientras viajaba, y Londres poco a poco se fue ganando mi corazoncito negro y oscuro. Para entonces ya había terminado mi maestría, pero en teoría tendría que haber estado haciendo un doctorado. De hecho, empecé uno, pero yo había aplicado a dos diferentes, de los cuales no me admitieron en el que más quería, y en el que me admitieron al final no llenó mis expectativas. Y sin embargo, yo ya me había mudado a Londres y mis planes no incluían volver a mi tierra; todavía no. Así que seguí en ese doctorado con tal de poder quedarme de este lado del charco, pero cuando fui a México en enero de 2006, recuerdo haberle dicho a mi hermano: “Si consiguiera la forma de quedarme en Inglaterra con visa de trabajo, dejaría el doctorado.”


Y así fue. En marzo de 2006 el buen Raúl, que era el QA Coordinator del equipo español en ese entonces, fue transferido a marketing, por lo que su chamba fue ofrecida en el mismo sitio de Internet que meses antes había visitado. No dudé en aplicar, pero conmigo aplicaron un filólogo español y mi buen amigo Adri, que es un genio de la informática. Yo sabía, modestia aparte, que el filólogo no tenía forma de competir conmigo, pero Adri me preocupaba porque realmente es muy chido para programar. En todo caso, lo que más me preocupaba de ambos es la nacionalidad: siendo europeos, era infinitamente más fácil para Square darle la chamba a uno de ellos porque así no tendrían que pedirle ningún work permit a Home Office. Ésa era mi mayor desventaja, así que viví una semana de estar nervioso y la expectativa de lo que iba a pasar. Pero al final, me dieron la chamba a mí. Square tramitó mi work permit y con eso, finalmente, me pude quedar como quería. Dejé el doctorado (algún día volveré a aplicar al que sí me interesa) y me volví un londinense hecho y derecho. Y aquí estoy ahora.


La cosa es que las cosas en la chamba no han sido del todo ideales, sobre todo si comparo lo que alguien con un puesto similar gana en otras compañías de videojuegos. Hubo un tiempo en que la cantidad de injusticias (para todos en la empresa, no sólo para mí) se acumularon tanto que me puse a buscar chamba con la competencia, pero el problema siempre fue el mismo: el work permit. El que tengo con Square sólo me sirve para chambear con Square, y hasta ahora ninguna otra empresa ha querido tomarse la molestia de tramitarme un nuevo work permit. Sí, me quejo, pero en realidad es sólo un poco, ya que a pesar de todo, de injusticias y mal salario, vivo bien. Me la paso bien en la chamba, me alcanza para vivir bien y hasta para ahorrar para viajar y para darme lujitos de vez en cuando, y gracias a Square puedo vivir y trabajar en el Reino Unido, así que no está tan mal.


Son ya tres años. Viví en Norwich, luego con Adri y Miguel, luego con Adri, Yael y Nona y ahora con Nona y Lee. Tengo tiempo de salir a correr, de jugar videojuegos, de leer, de escribir, de salir de vez en cuando. Fui con Nona a un concierto de Helloween y a otro de Dragonforce (con sus respectivas bandas invitadas). Tuve a mi hermano de visita y he tenido a algunos Calohtari por acá. Y este diciembre y enero me voy a atascar de comida mexicana. ¿Qué más se puede pedir?

Thursday, October 09, 2008

It's the eye of the lion!

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 5 años, por lo que fui criado completamente por mi madre, limitando la convivencia con mi padre a visitas quincenales cuando él vivía en el DF o semestrales (y hasta anuales) cuando vivía en algún otro estado de la República. En repetidas ocasiones me he preguntado cómo sería yo si hubiera crecido con él, ya sea que él se hubiera quedado conmigo o que simplemente no se hubiera divorciado de mi madre. La cosa que más agradezco de que no haber crecido a su lado es la naturaleza familiar tan fuerte que tiene él y, en cierto modo, mi nivel educativo, el cual le debo a mi madre. Pero también sé bien que en el aspecto deportivo estaría mejor si hubiera vivido con él. Y sin embargo, y a pesar de todo, hay un aspecto de mi formación deportiva que le debo y agradezco a él: correr.


Cuando mi padre vivía en el DF yo era muy pequeño para que me llevara a correr con él, pero recuerdo particularmente los años en que estuvo en Chilpancingo, cuando iba a verlo cada verano y siempre, infaliblemente, me llevaba a correr con él. Al principio era algo que odiaba y que además encontraba imposible correr la misma distancia que corría él. Generalmente yo corría como la mitad de lo que hacía él (o quizá menos que eso) y me regresaba a su cuarto en el batallón. Recuerdo que correr me desagradaba y era como una obligación que tenía que hacer, a la par con, no sé, el quehacer con el que mi madre me pedía que ayudara en la casa: algo que se tenía que hacer pero que detestaba con toda mi alma. Curiosamente, el quehacer sigue siendo algo que odio, no porque lo odie como algo en sí mismo, sino porque está científicamente demostrado que me hace daño. Pero hoy en día no puedo estar tranquilo si pasan muchos meses sin que salga a correr. Y es algo que disfruto enormemente.


Yo mismo desconozco cómo se dio ese cambio, o cuándo. Correr pasó a ser de algo que hacía con mi padre por obligación a algo que yo buscaba hacer, por gusto. Claro, me mueve a hacerlo saber que es ejercicio y que es sano y bueno para la salud y todo eso, pero hay muchas otras cosas que son sanas y buenas para la salud que no me interesan en lo más mínimo, así que no tiene que ver con eso completamente. La verdad es que lo disfruto, y uno de los más grandes placeres en la vida, para mí, es meterse a bañar después de haber corrido un buen rato. ¡Es el paraíso!


Ahora, el problema con correr es que es muy fácil encontrarse con que todas las demás actividades de la vida cotidiana no dejan tiempo para hacerlo, por lo que siempre me la he pasado en un constante dejarlo por un tiempo para retomarlo después y mantenerme durante meses y meses, sólo para tener que dejarlo y se repite el ciclo. Cuando llegué a Norwich tardé como 4 meses en retomarlo, pero cuando lo hice pude hacer más fuertes los lazos de amistad con una de mis mejores amigas por acá en estas tierras, Yael, la novia de Adri. Luego me mudé a Londres y lo retomé, pero como era invierno y el frío me desmotivaba, me metí a un gimnasio en donde podía correr sin frío mientras veía las noticias, por lo que se volvió ideal, aunque había que pagar. Pero finalmente dejé el gimnasio por aquellos meses en que tuve muchas visitas seguidas (Ale, Mel, Ale de nuevo, Toño), y aunque la verdad fue más mi culpa que nada, dejé pasar mucho tiempo sin que saliera a correr. Pero ahora lo he retomado y me siento contento y satisfecho. Llevó ya algunas semanas y la verdad es que cada que me pongo a correr otra vez siento como si volviera a ver a un viejo amigo después de meses sin verlo. Es parte de mí y algo que creo que seguiré haciendo siempre que pueda. Ahora, si tan sólo pudiera leer mientras corro...