Sé que con esto me estoy adelantando al relato cronológico del Cats Rule the World Eurotour 2008, pero como todavía estoy tratando de poner en orden las fotos y vídeos de dicho viaje, decidí narrar esto de una vez.
Todo empezó mientras planeaba a qué ciudades llevar a mi hermano, pues al decidirme por Praga y ver qué lugares estaban cerca de dicha ciudad, hubo una que me llamó particularmente la atención: Terezín. Localizada a unos 60 kilómetros de Praga, Terezín es un pueblito que originalmente era una fortaleza militar construida en 1780 y que debe su nombre a la Emperatriz María Teresa. Desde entonces la fortaleza vio guerras y ataques y cumplió con la función de prisión para prisioneros de guerra durante la Primera Guerra Mundial. Hoy en día, lo que le da a Terezín, con sus apenas 3mil habitantes, una importancia significativa, es la función que tuvo en la Segunda Guerra. Cuando leí eso en la guía, me quedé pensando en que nunca he visitado un lugar de esas características, así que Terezín se convirtió en uno de los destinos fijos para el Eurotour con mi hermano.
Terezín no fue un campo de concentración como tal, pero sí era un lugar al que enviaban a los judíos que después serían enviados a los campos de concentración. Como tal, no hubo una sola persona que muriera en Terezín del mismo modo que morían en los campos de concentración, pero las condiciones en las que vivían eran por demás deplorables. Poco espacio, mala y escasa comida y condiciones higiénicas fatales fueron sólo algunos de los causantes de las muertes en Terezín. Se dice que 150,000 judíos pasaron por Terezín antes de ser enviados a los campos de concentración, pero alrededor de 33,000 murieron ahí mismo.
Cuando le dije a mi hermano que íbamos a ir, él no tenía muchas ganas que digamos, pero lo convencí diciéndole que era un evento cultural, como ir a un museo, así que al final nos subimos a nuestro camioncito y nos lanzamos a Terezín. Lo primero que vez al llegar son las murallas de la fortaleza, que además tiene forma de estrella vista desde arriba. El camión entonces entra en el pueblo en sí y te deja en el centro, al lado del museo judío. Planificando el día, decidimos dejar ese museo para luego, así que nos lanzamos al museo del Ghetto, en donde se puede ver una reproducción de las barracas en las que vivían los prisioneros, además de leer bastante información sobre cómo vivían y cómo sobrevivían por medio del teatro, la música, publicando revistas, etc. Pero apenas comenzaba lo crudo.
Después de eso nos fuimos al cementerio y crematorio, para lo cual hay que atravesar el pueblecito, que se ve tranquilo y silencioso, con algún detalle aquí o allá que te recuerda lo que pasó 60 años atrás. Tras salir de las murallas llegamos al cementerio, con una enorme menorah estilizada y varios memoriales de la guerra. Pero además de eso hay un edificio de lo más insignificante y pequeño: el crematorio. Escuchamos una audio-guía que estaba afuera, la cual sólo repitió cosas que ya habíamos leído infinidad de veces, y pues simplemente entramos.
Nunca he sido precisamente sensible a las energías de algún lugar, cosa que algunas veces me ha dado envidia cuando, por ejemplo, Raven sentía presencias en la casa. Sin embargo, la energía de ese lugar fue tan fuerte que simplemente me puse a llorar. Fue un fregadazo energético-emocional terrible; me sentía oprimido y aplastantemente mal. Me faltaba el aire; no dejaba de llorar. Mi hermano se asustó pero le dije que estaba bien. Terminamos de ver las calderas y las mesas de operaciones, pero yo sólo quería salir de ahí. Al hacerlo, tuve que caminar por el cementerio y respirar profundamente para tranquilizarme. Luego buscamos una banca y nos sentamos por un rato. No pensaba volver a entrar a ese lugar; sólo de pensar en lo que sentí me hacía llorar de nuevo, así como sólo recordar me hace querer llorar ahora. Nunca había sentido algo así. Es terrible. Es inhumano. Y no lo pude soportar.
Volvimos al pueblo y ahora sí entramos al museo judío, pero la caminata ya me había tranquilizado lo suficiente. Aun así, leer todavía más cosas sobre las condiciones que vivieron no fue muy bueno que digamos, aunque después del crematorio ya nada me afectaría igual. No así con mi hermano, a quien ahora le tocó sentirse mal. En su caso, leer las anécdotas sufridas le hizo más daño; en el mío, sentir la energía de dolor y sufrimiento. Al final el resultado fue el mismo: salimos del museo y ya no tuvimos ganas de ir a la parte que nos faltaba por ver, que era una parte interna de la fortaleza. Optamos por ir a comer a un café, en donde nos trataron muy bien, debo decir, y esperamos al camión de vuelta a Praga.

3 comments:
Nunca he estado en un lugar tan opresivo como este que describes, pero una vez estuve en una sala de torturas donde hacían confesar a las brujas y te juro que con eso tuve más que suficiente :( es increíble como puede quedar esa sensación de angustia en los lugares, incluso después de tantos años...
Pobrecito tu hermano, a qué lugares lo llevas!! :P pero al fin y al cabo es una experiencia y unas sensaciones que seguro que recordaréis toda la vida.
¡WOW! No puedo decír más.
Las energías se quedan, no hay duda, Nona. En efecto, ésta fue una experiencia que no se me va a olvidar...
Compadre, gracias por visitar.
Saludos a ambos!
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